Hubo un tiempo en que para vender un billete de avión tenía que llamar a Iberia

Parece que estoy hablando de otro siglo.

Bueno… en realidad lo estoy. 😄

Cuando empecé a trabajar en una agencia de viajes no había Internet.

Ni páginas donde comparar vuelos.

Ni billetes electrónicos.

Ni un correo que llegaba al móvil con una tarjeta de embarque.

Cuando un cliente quería volar, cogíamos el teléfono y llamábamos a la compañía aérea.

—Buenos días, necesito 3 plazas Sevilla–Tenerife…

Y al otro lado alguien nos decía qué había disponible y qué tipo de tarifa.

Después llegaba el momento de hacer el billete.

Y cuando digo hacer el billete, quiero decir exactamente eso.

Literalmente.

Hacerlo a mano y placarlo. (validarlo con la placa de la CIA Aérea)

Nombre del pasajero, vuelos, fechas, tarifa…

Todo escrito sobre aquellos billetes con varias hojas calcables que había que cumplimentar con bastante cuidado.

Y periódicamente tocaba hacer la liquidación de todos aquellos billetes a través del BSP.

No había un botón que dijera Emitir.

Había teléfono, papel, bolígrafo… y mucha atención para no equivocarse.

En algunos casos, incluso un libro llamado APT (Airline Passenger Tariff) para calcular rutas y kilómetros.

Y, por supuesto, entonces todavía hablábamos en pesetas.

Pero no solo ha cambiado la manera de vender los viajes.

Ha cambiado muchísimo más nuestra manera de viajar.

Hubo una época en España en la que muchas lunas de miel terminaban en Torremolinos.

Y no es una exageración.

Mallorca ya era otra cosa.

Lanzarote podía ser un señor viaje de novios.

Viajar fuera de Europa era mucho menos habitual y los grandes viajes estaban al alcance de mucha menos gente.

Recuerdo perfectamente a un cliente que entró un día en la agencia interesado en hacer un circuito por el norte de la India.

Abrimos uno de aquellos enormes folletos que teníamos sobre la mesa y empezamos a recorrer el itinerario:

Delhi, Benarés, Udaipur, Jaipur, Agra… todo estaba programado en aquel folleto de Nobel Tours. 

Yo iba explicándole el viaje mientras por dentro pensaba a mis 21 años:

«Madre mía… ¿quién se puede permitir un viaje así?»

Nunca se me ha olvidado.

Porque entonces un viaje como aquel era realmente algo extraordinario.

Y los cruceros…

Eso ya era otro mundo.

A finales de los 70, para muchos de nosotros lo más parecido a hacer un crucero había sido sentarnos delante del televisor para ver Vacaciones en el mar.

The Love Boat.

Esperábamos cada capítulo viendo aquel barco lleno de americanos, piscinas, cenas, excursiones y pasajeros que casi siempre encontraban el amor antes de llegar al siguiente puerto. 😄

Mientras nosotros contemplábamos aquello como algo casi de película, al otro lado del Atlántico ya habían entendido algo que años después terminaría convirtiéndose también aquí en una enorme industria:

un barco podía ser también el destino de unas vacaciones.

Y entonces llegó la tecnología.

Recuerdo aquellos primeros ordenadores IBM en la agencia.

Pantalla oscura.

MS-DOS.

Prácticamente todo se hacía con el teclado.

Y apareció algo que, para quienes veníamos del teléfono, el télex y el billete escrito a mano, parecía ciencia ficción.

Amadeus.

De repente podíamos consultar vuelos y disponibilidad desde nuestra propia pantalla.

Hoy puede parecer poca cosa.

Entonces fue una revolución.

Y mientras cambiaban las herramientas, también cambiaban los viajeros.

Hoy puedo estar una mañana preparando un viaje a Japón, otro a Nueva York, un circuito por Vietnam, unas vacaciones en Canarias, un crucero por el Mediterráneo y una luna de miel combinando varios países.

Y verlo como la cosa más normal del mundo.

Aquella India que un día me hizo pensar «¿quién se puede permitir esto?» es hoy un destino que puedo presupuestar cualquier mañana con absoluta normalidad.

Los cruceros dejaron hace muchísimo tiempo de existir solamente en Vacaciones en el mar.

Y donde hace décadas una pareja de novios podía entrar buscando su luna de miel en Torremolinos, hoy puede sentarse delante de mí y decir:

—Estamos pensando en un combinado Japón – Maldivas

A veces pienso que el mundo no se ha hecho más pequeño.

Simplemente nosotros hemos aprendido a viajar más lejos.

Han pasado casi cuarenta años desde que empecé en esta profesión.

Han desaparecido las pesetas.

Desaparecieron los billetes calcables.

Desaparecieron aquellos cupones de vuelo.

Ya no tengo que llamar a una compañía aérea para preguntar si quedan plazas.

Y aquellos ordenadores que entonces parecían el futuro hoy tendrían menos capacidad que el teléfono que cualquiera lleva en el bolsillo.

Muchas cosas han cambiado.

Muchísimas.

Pero hay una que no.

Hace casi cuarenta años alguien entraba en una agencia, se sentaba delante de mí y me decía:

—Quiero hacer un viaje.

Y confiaba en que la persona que tenía enfrente supiera lo que estaba haciendo.

Hoy sigue ocurriendo exactamente lo mismo.

Quizá las herramientas hayan cambiado por completo.

Pero, al final, este oficio sigue consistiendo en algo sorprendentemente parecido a lo que consistía entonces:

alguien sueña con un viaje y confía en otra persona para hacerlo posible.

Y quizá por eso, después de tantos años, todavía me sigue gustando sentarme cada mañana al otro lado de esta mesa.

Un abrazo,

Juanjo GM
📍 VCG Viajes – Viajes Carrefour Cáceres

Scroll al inicio